A continuación se expone el discurso leído por María de los Ángeles García en nombre de Julio Martínez, gerente de «Océano Atlántico Editores», durante el acto de entrega del Premio de Periodismo sobre «Turismo y Medio Rural en Guadalajara. Sigüenza, ciudad candidata a Patrimonio de la Humanidad». Fue un evento acaecido en la capital arriacense el 8 de julio de 2021.
Siempre se ha dicho que el periodista ha de formar, informar y entretener a su audiencia. Así se ha explicado ؘ–tradicionalmente– en las facultades de Comunicación de medio mundo. También en España. Pero ésta es una visión muy tradicional. Se ha quedado desfasada con la llegada de la vorágine informativa actual.
Por eso mismo, se ha de apostar por una mayor –y mejor– interpretación y contextualización de las noticias. En otras palabras, se debe encuadrar bien el acontecimiento, explicar sus causas y consecuencias. En definitiva, separar el grano de la paja. Análisis puro y duro.
Además, este buen periodismo permitirá evitar lo que describe Ignacio Ramonet en su libro «La tiranía de la comunicación». Dicho pensador afirma que las formas de censura del siglo XXI no están protagonizadas por un comisario político que, desde la oscuridad, retira de la circulación los contenidos que no interesasen al poder. Nada más lejos de la realidad…
A día de hoy, la censura aparece, según Ramonet, mediante una «sobre–información» que, por un lado, hace creer al público estar en posesión de la verdad absoluta. Y, por otro, facilita el ocultamiento de los contenidos relevantes bajo toneladas de nimiedades, que acaban confundiendo a la audiencia. Por ello, es tan importante que existan periodistas que sepan distinguir lo importante de lo accesorio. Y que, además, lo sepan transmitir a sus seguidores.
Para ello, es muy necesario que nosotros, los informadores, poseamos una instrucción de calidad, que nos permita tratar los temas con el máximo rigor. Una formación que, además, ha de ser continua. Algo fundamental en un mundo tan cambiante como el actual. No podemos conformarnos con lo que estudiamos hace 20 años. Debemos reciclarnos diariamente.
Precisamente, esta necesidad de actualizarnos ha sido muy evidente durante la pandemia. En muchos casos, se ha primado la transmisión inmediata de datos, sin contextualizar la calidad y procedencia de los mismos. Se ha primado el sensacionalismo sobre la divulgación. Y esto, al final, ha generado desasosiego entre la población. E, incluso, rechazo y negacionismo…
En consecuencia, se debe seguir haciendo un esfuerzo desde sindicatos, asociaciones profesionales y medios de comunicación para edificar un periodismo de calidad. Y, para ello, se requiere una mayor formación y compromiso de todos nosotros, los periodistas. Pero, al mismo tiempo, también son imprescindibles unas mejores condiciones laborales, que faciliten al informador desempeñar su oficio de la mejor manera posible…
La FAPE dice aquello de «Sin periodismo no hay democracia».
Y yo añado: «Sin formación ni buen salario, tampoco hay periodismo (ni democracia)»



